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El Cuervo de la Tempestad

Por: Nayel Alejandro Adaya Álvarez

El Comité Organizador Internacional de los Juegos Olímpicos (COI), literalmente ya no ve lo duro sino lo tupido, normalmente las crisis vienen después de los eventos mundiales. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro se han convertido en una serie de eventos desafortunados, por decir lo menos, casualmente coincidentes. ¿En realidad todo es casual como parece?

La realidad es que no hay nada casual, el gobierno brasileño y los funcionarios tomaron su propio arsénico de efecto retardado. En el mismo año que en Copenhague anunciaba la elección de la ciudad de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016 el gobierno de Lula Da Silva publicaba fomentos económicos para nuevas empresas, es decir, el Estado asumía el riesgo de la inversión en lugar de permitir que la competencia y la inversión extranjera permeara, en un intento de dar a los ciudadanos autoempleo.

Una a una como piezas de dominó siguieron cayendo un problema sobre otro. Este fue uno de los programas que el país amazónico adoptó de manera social aumentando su déficit hasta el punto que anunció un recorte de 10% en todos los rubros para los gastos de preparativos de los Juegos Olímpicos. La crisis económica –como siempre en la historia-, precipitó de manera inverosímil la crisis política –el impeachment contra Dilma Rousseff-. Ambas situaciones atravesaron los preparativos de los Juegos y especialmente la infraestructura que serviría para la sede y hospedaje de la jornada deportiva.

Aprovechando los reflectores vuelve a salir a la luz el pésimo estado y trato que se les da a los atletas no sólo en las sede, sino en sus países de origen.

Sin duda es una serie de retos y travesaños que ningún presidente, ciudadano ni deportista quisiera tener. Pero es la tormenta perfecta que enfrentan los JO de Rio 2016. Aunque normalmente esperábamos de 5 a 8 años para apreciar el efecto negativo de una mala planeación y aplicación de un evento mundial, nunca antes como hoy en Río podemos aprender de las equivocaciones.

Para el Comité Organizador, esperemos que quede claro que no basta la “bonanza” y prosperidad que tenga una sede y país al momento de su postulación. Será importante que se garantice en el futuro que el evento –Juegos Olímpicos o Mundial de Fútbol- se adapte y amplíe a la infraestructura existente en la ciudad-sede. Dejemos de construir castillos de naipes llevando a las ciudades y a los países a la quiebra con ilusiones de inversiones exorbitantes que nunca llegan.

Para los ciudadanos, prudencia de que no es sólo “el festejo” y el “derroche” sino implica riesgos, así como no sólo ser anfitriones de un evento de nivel mundial para “gastar lo que no tienes”, sino inculcar de manera permanente y educarse para aprovechar los espacios que se abran con motivo de los juegos.

Para los gobernantes, que siguen teniendo una deuda constantemente sufrida con los atletas, que todos los días nos demuestran que aún con el mundo en contra se pueden librar todos los obstáculos.

Los Juegos de la trigésima primera olimpiada son dignos de una tragedia griega, confiemos en haber aprendido las lecciones para que no se conviertan en una vergüenza repetida.


Ilustración de Blanca Reyes

Nayel Alejandro Adaya Álvarez

Contador Público, asesor y analista financiero


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