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Diálogo de uno

Por: Dulce Reyes

Hablar no es dialogar. Gritar no es dialogar. Acallar no es dialogar. Reprimir tampoco lo es. Protestar tampoco. ¿Qué es, entonces? ¿A qué le llamamos diálogo? ¿Qué entendemos por esta palabra? ¿Sabemos hacerlo? ¿El gobierno mexicano ha sabido dialogar con los mexicanos? Hagamos esta breve reflexión.

El diálogo se puede entender como la búsqueda común de sentido, y hablar de algo común ya es complicado, y más aún porque ese sentido no es solo uno. Cuando se dialoga es importante ser respetuoso de la dignidad y derechos del otro, es importante reconocer sus diferencias. Dialogar es reconocernos e igualarnos como seres humanos, “para que haya diálogo debemos estar convencidos de que todos podemos aprender de todos. Para ello se requiere un clima de confianza” diría un Manual de Construcción de Paz, editado en el 2011 por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

“Primero la educación y después el diálogo. Esa será la premisa del gobierno, lo es porque el futuro de los niños no es negociable”, es una frase con la que Enrique Peña Nieto, impulsor de una Reforma Educativa, demuestra una terrible insensibilidad e ignorancia sobre el tema. Con esto nos dice: La Reforma Educativa no considera tu visión estimado ciudadano, alumno o profesor, eso es secundario. Mis condiciones son las que cuentan.

¿Cómo se puede concebir la idea de educación alejada del diálogo? O peor aún, ¿Cómo puede existir educación sin diálogo? Esta visión es la representación de una Reforma Educativa impuesta con sangre, con violencia e intolerancia. Y que quede claro que no estoy en contra de la mejora de la educación escolarizada, nunca lo estaría, pero sí de una reforma que nada tiene que ver con ello, que peor aún, busca mercantilizar la educación. ¡Basta de una educación bancaria de depósito de información para llenar mentes vacías! Nuestras mentes no están vacías. No somos objetos.

Este asunto del que tanto se habla en los medios de comunicación lo ejemplificaré con lo siguiente: Imagine que yo tuviera un conflicto con usted y deseara dialogar, pero bajo mis condiciones, en el lugar que yo establezca, con el horario que yo decida y yo misma moderaré el encuentro. Esto es porque he tomado esa facultad por mis pantalones, porque creo tener la autoridad para hacerlo, porque me respalda mi familia. Y no es absurdo, usted tiene que venir a mi casa y dialogar conmigo, le ofreceré la comida que yo quiera y un poco de agua fría. Si no acepta significa que usted es un rebelde, un anarquista que no desea arreglar el conflicto y que sigamos conviviendo en paz. Algo así es lo que sucede cuando el gobierno mexicano dice “dialogar” con los maestros inconformes. Se trata de una simulación, de un doble y perverso mensaje para mediatizar a la población.

Si bien, el conflicto nacional entre el magisterio y el gobierno federal está permeado por factores políticos, económicos, culturales, históricos y personales, si no se toma en cuenta que es importante dialogar en verdad, este asunto estará perdido y podría desencadenar otros más terribles. Si el gobierno continúa con su cerrazón y arbitrariedad, y los profesores con su falta de creatividad y mala imagen pública, esto se visualiza más violento.

El diálogo honesto y verdadero requiere de 7 elementos característicos, y recordemos que el 7 es sagrado. Veamos: la capacidad de escuchar al otro con atención y detenimiento, la libertad de expresar las ideas, la tolerancia ante todos los planteamientos, el derecho a disentir, la posibilidad de integrar las ideas ajenas, la capacidad de reconocer que podemos no tener razón, la capacidad de reconocer razón en los demás. Son 7 momentos importantes a considerar, si esto no sucede, entonces estaremos hablando de algo más, pero no de diálogo, porque quien sabe dialogar deja de lado las relaciones arbitrarias de poder. Porque el diálogo verdadero requiere de la buena escucha, la escucha activa, y en una relación donde impera y se impone el poder de uno, los oídos están cerrados al sentido de la vida del otro.

“La principal forma de comunicación entre personas se da en el diálogo; éste es el espacio privilegiado en el que confluyen las ideas de unos y otros para lograr el entendimiento… El diálogo verdadero es una relación viva de palabras, preguntas, silencios y gestos en donde se implica nuestra existencia, pues somos en gran medida lo que decidimos”, asegura el Manual ya mencionado.

Así que hago un llamado a los “gobernantes” de México para que paren la manipulación de las palabras y del pueblo, porque sólo crean más confusión en la sociedad. El diálogo verdadero, sin violencia de ambas partes, es el único que puede desactivar el conflicto, la controversia y garantizar la paz social y el desarrollo de nuestro país.

La simulación empleada por el gobierno en lo que llama “diálogo” no se acerca ni un poquito a la esencia de diálogo, porque en el autoritarismo no cabe, y porque si ustedes siguen jactándose de ser promotores de él, les recomiendo se den una vuelta por algún manual básico de resolución de conflictos y después de esto podrían tener un poco de tacto al referirse a tan elevada capacidad humana como es el diálogo.

Por: Dulce Reyes

Comunicóloga, Maestra en Estudios para la Paz y el Desarrollo


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