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El albur, la rebeldía mexicana

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El albur, la rebeldía mexicana - Cantos de cosquilleo

Por: Quetzalia Vallejo

El albur es parte de la cultura mexicana, todos aplican las frases en doble sentido sin importar su condición social, académica o cultural.
El albur es un juego de palabras que esconde un doble sentido. Su origen nos remite a tiempos prehispánicos. La cultura nahua (antecesora de la azteca) se reunía para realizar cánticos en doble sentido y con una connotación sexual, se les conocía como “cantos de cosquilleo". Se dice que el pueblo lo utilizaba para burlarse de los gachupines con frases en doble sentido que no pudieran entender.

Fray Alonso de Molina en el texto Vocabulario náhuatl-castellano y castellano-náhuatl (1571), describió: “Los mexicas tenían palabras sucias, vocablos malos, juegos de palabras indignas". Esta tradición se mezcló con el idioma español y fue el resultado de lo que hoy conocemos como albur.

Existen otras teorías que mencionan que el albur nació durante la colonia, en las minas de Pachuca, Hidalgo, o dentro de las pulquerías de la región. Durante la revolución se podían leer carteles con frases como:

  • ¡Ábranla piojos que ahí les va su peine!
  • A ese culantro, le hace falta su regadita
  • A las mujeres bonitas y a los caballos buenos, los echan a perder los pendejos
  • Para que la cuña apriete... ha de ser del mismo palo, ¡y yo doy a todos, razón del hecho!
  • ¡Ahí les va el general, pa que se pongan firmes, se les erice el cuero y hasta el pellejo!


  • El albur brincó a ser parte del espectáculo gracias a los actores de crítica política. Personajes cómicos como el indio, el borracho, el vago o el pachuco (Cantinflas, Resortes, Tintan), se encargaron de dar a conocer las penas que vivía la población. En la década de los 70 y 80's, el cine mexicano dio paso a un género que causa polémica: El de las ficheras, en donde el albur y las referencias sexuales se hicieron presentes. Algunos personajes de este género cinematográfico son: Rafael Inclán, Lalo “El Mimo", Luis de Alba, Polo Polo, Alfonso Zayas, Maribel Fernández “La Pelangocha", Carmen Salinas, Lyn May, por mencionar algunos, destacaron por su forma de hablar y el uso indiscriminado del albur.

    Este es un mete y saca de frases en un juego de palabras que se convierte en una competencia sexual en tono de broma entre los participantes, dejando callado sin posibilidad de respuesta a su interlocutor. Existen muchos albures prefabricados, pero el albureo original es aquel que se improvisa al ritmo de la conversación. Este nunca debe de ser inocente, pero si involuntario, este siempre debe llevar una connotación sexual, ya sea implícita o explícita. Hay quienes creen que el alburear es algo característico de las cantinas y las clases sociales más bajas. Mientras que según expertos, es un buen método educativo, ya que se requiere de un amplio vocabulario, atención y destreza mental.

    El albureo está conformado por metáforas simbólicas que contienen elementos sexuales y existe toda una variedad de conceptos más o menos alusivos para referirse a ellos disfrazados de expresiones inocentes y ordinarias. Existen algunos ejemplos en nombres, por ejemplo: Sra. Lola Meras Ohih, Srita. Rosa Melcacho, Sra. Tecla Varela Vara, Alma María Rico, Pilad Godoy, Mónica Galindo de Aguilita, Alma Cano Merrosas, El Cardenal Gas Das, José “Boquitas" Veloz, Benito Camelo, Agapito López, Antonio T. En Sancho, etc.

    Otros tantos toman al albur como la esencia de la picardía mexicana. El guionista mexicano Benjamín Cann menciona lo siguiente: “La gente que critica al albur es porque no entiende un código, el de la mexicanidad sexual, que es riquísimo, metafórico y poético". El albur se ha estereotipado como una cosa de hombres, pero Lourdes Ruíz demostró que es algo que quedó en el pasado, ya que en 2007 fue designada como la campeona nacional de los albures y hasta ahora sigue con el invicto.

    Octavio Paz nos dice en el Laberinto de la Soledad: “el lenguaje del mexicano está lleno de reticencias, de figuras y alusiones, de puntos suspensivos; en su silencio hay repliegues, matices, nubarrones, arcoíris súbitos, amenazas indescifrables".

    “El lenguaje popular refleja hasta qué punto nos defendemos del exterior: el ideal de la 'hombría' consiste en no ‘rajarse' nunca. Los que se ‘abren' son cobardes […] El mexicano puede doblarse, humillarse, agacharse, pero no ‘rajarse', esto es permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad", detalla Octavio Paz.

    Alfonso Hernández, cronista de Tepito y director del Centro de Estudios Tepiqueño en la Ciudad de México, afirma que el albur es una forma de rebeldía cultural, en la cual se desafía la imposición de un lenguaje culto, hacerlo propio. “El albur es la cábula de la poesía erótica, es el sismógrafo más fiel de la experiencia sexual, es la introducción del encabezado a quienes pueden tener muchos complejos, tienen pocos reflejos para entenderlo y responderlo", agrega Alfonso Hernández.

    El albur es parte de la cultura mexicana, todos aplican las frases en doble sentido sin importar su condición social, académica o cultural. El 1 de marzo se celebra el día del albur, en el cual se llevan a cabo concursos de albures con reglas muy claras. Algunos ejemplos de albures son:

    * En la punta de aquel cerro hay un elefante enano, tú qué sabes hacer señas hazme una con la mano. * ¿Vas a Querétaro? Porque se va a caballo, te lo tumbo si te lo hallo. * Zacarías Blanco de la Barra. * Siéntate en la hamaca Anita. Así te agarro de más cerquita.

    Esto es un ejemplo de la riqueza con la que cuenta nuestro país.


    Ilustración de Blanca Reyes

    Quetzalia Vallejo

    Estudiante universitaria - Universidad Univer Milenium


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